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sábado, 16 de agosto de 2025

¿Es Maduro el nuevo objetivo político de Trump para cerrar su gran acuerdo?


Desde que el New York Times hiciera pública la orden de usar las fuerzas militares contra los cárteles de América Latina, se ha desprendido una cascada de titulares y anuncios desde la propia Casa Blanca que colocan a Nicolás Maduro en el centro de una nueva diana.

A Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, los tratos pequeños le saben mal. Les huye, según él, a las pequeñeces. Su filosofía de negocios —y vaya si ha demostrado ser audaz en esa arena— es ir por lo más grande, aquello donde el resto teme entrar.

Es una de las ideas centrales de su libro The Art of the Deal (1987), un texto en el que expone sus estrategias más finas, claro está, sin ventilar sus también refinadas maneras de declararse en bancarrota o de librarse de impuestos por décadas.

Pero una cosa es el pulso de los negocios y otra el de la política mundial.

Trump, en este segundo mandato, apuntó sin temores a los acuerdos más altos antes de llegar a Washington y prometía acabar con la guerra de Rusia contra Ucrania en 24 horas. Puede que pensando en la medalla del Nobel de la Paz, de la que ya algunos hacen mención.

Han pasado siete meses y no ha avanzado un palmo.

Y aunque ya reconoce que el riesgo de hambruna en Gaza es “real”, no parece lograr siquiera bajar el calibre de la ofensiva israelí de su aliado Netanyahu.

Ni la paz entre Ucrania y Rusia, ni mucho menos una Gaza llena de casinos y niños felices como promocionó en el polémico video de IA.

En paralelo desplegó, hacia lo interno, su agresiva campaña de búsqueda y captura de migrantes, deportaciones a El Salvador y otros países, construcción de cárceles como un espectáculo y mostró, en un vaivén desconcertante, el mazo de los aranceles.

Precisamente estas dos últimas estrategias golpearon duro su imagen y popularidad. En una reciente encuesta de la empresa Navigator se precisó que, ahora mismo, un 50% de los estadounidenses desaprueban sus políticas migratorias frente a un 47% que las aprueba.

Y también están los resultados de Gallup, en julio pasado, que son peores aún, con un 62% de rechazo a las medidas contra los migrantes.

Trump pisó el acelerador a fondo, pero más allá del histrionismo del micrófono y de las frases y escenas que captan titulares, no ha logrado cerrar esos “grandes acuerdos”. Y, obviamente, tampoco puede concretar uno de sus objetivos más estratégicos: reducir, al menos en un punto, los tipos de interés que se mantienen entre 4.25 y 4.50 en Estados Unidos.

Está enfrentado de lleno contra la Reserva Federal y su independencia.

Insulta y sugiere que llevar a su presidente, Jerome Powell, a juicio podría desenredar este núcleo que acelera o ralentiza la economía más grande del mundo.

 

¿Y cómo entra Maduro en esta historia?

Nicolás Maduro y su gobierno lucen ahora como un “comodín” político para Trump, un objetivo que puede disimular el fracaso que, hasta ahora, ha tenido en los frentes ya mencionados: Ucrania y Rusia, Israel y Gaza, migración y la Fed.

Requiere de una victoria para su imagen y, entonces, se activa la maquinaria de Washington para, en primer lugar, subir la recompensa por Maduro a 50 millones de dólares y declararlo como líder del Cártel de los Soles.

Una medida meramente propagandística, puesto que Estados Unidos sabe perfectamente dónde ubicar al mandatario venezolano, que se ha convertido en la recompensa más grande ofrecida por ese país, incluso por encima de Osama Bin Laden, el líder de Al Qaeda y cerebro del atentado a las Torres Gemelas.

Hace apenas unas horas, la Fiscal General Pam Bondi confirmaba algo de este enfoque en entrevista con Fox News al mencionar: “La misión es hacer a América segura de nuevo” (The mission is Make America Safe Again), una frase de campaña a todas luces.

Jesús Martínez, periodista y analista político venezolano con experiencia en relaciones internacionales, está convencido de que no solo se trata de una estrategia política, sino de una intención sólida.

“Trump tiene una lista de prioridades y Venezuela está en ella. Y no creo que estemos aún ante un fracaso en su política migratoria, ni en el término de la guerra en Ucrania, ni tampoco en su control sobre Israel. Creo que las acciones contra el Gobierno de Venezuela no son una consecuencia de esos otros escenarios”, dice Martínez.

Para el analista, incluso si se hubiesen controlado esos frentes de guerra al día de hoy, el caso de Venezuela iba a llegar de igual forma a la mesa de decisiones de Trump.

Martínez está convencido de que la orden firmada por el presidente de Estados Unidos, que da licencia al ejército para atacar a cárteles del narcotráfico en América Latina, sí representa un hito.

“Ahora, que se vaya a concretar en una intervención en otro país es muy prematuro asegurarlo, pero sí creemos que se está preparando el terreno y le están diciendo a Maduro que están listos para accionar. Es importante reconocer que estas medidas siempre tendrán un permiso de terceros y del derecho internacional”.

¿Pero acaso no podría ser otra maniobra de distracción de Trump?

Martínez no cree que una orden de ese calibre tenga esa intención.

“La política internacional de Trump ha sido un quebradero de cabeza que ha sorprendido a todos los analistas haciendo cosas que no se sospechaban, desde la guerra comercial hasta los ataques preventivos a Irán. Venezuela ha estado siempre en la agenda, sobre todo en la del senador Marco Rubio. Y Trump es consciente del beneficio económico para Estados Unidos que puede traer un cambio de gobierno en nuestro país. Pero no descarta cualquier negociación con Maduro, como ya se ha demostrado también con el levantamiento de sanciones y otras medidas como licencias a Chevron”, apunta.


Trump explotará la fragilidad de Maduro cuando y como le convenga

Para Norberto Olivar, escritor y politólogo, la presión que imprime Trump contra Maduro al declalarlo como líder de una organización narcoterrorista es real, y podría ser explotada en el momento y los términos que el mismo Trump decida:

“La presión progresiva que viene ejerciendo Trump desde declarar terrorista al Cartel de Soles, lo cual permitiría cualquier acción militar contra el régimen, el aumento de la recompensa, y las declaraciones de Rubio y de la Fiscal parecen colocar al PSUV y a Maduro en una posición muy frágil, pero no muy clara en cuanto a lo que realmente haría EEUU. Esa posición de fragilidad aparente podría ser explotada por Trump de acuerdo a sus intereses del momento y negociarlo con quien le convenga. No creo que se trate de un objetivo real”, sugiere Olivar.


Pero además advierte, que, pese a todo el contexto que vuelve a emerger con la orden al ejército, no ve posible un ataque militar de EEUU en Venezuela.

“Trump enfrenta problemas domésticos que, imagino, busca tapar desviando la atención a otros asuntos. Venezuela representa un tema complejo: drogas, migración y dominio geopolítico de lo que históricamente fue su zona de influencia”, agrega el analista. 

Y sí, hay antecedentes claros de que Venezuela puede figurar entre las prioridades de Trump, incluso desde su primer mandato. No obstante, las medidas político-económicas que han implementado para debilitarlo poco efecto han tenido. No pudieron, ni siquiera tras la fragilidad política y social que siguió a las elecciones del 28 de julio de 2024.

Esta vez entra en la ecuación la fuerza militar. Y no ya el argumento del régimen criminal que aplasta los derechos humanos, sino la etiqueta de narcorégimen. La narrativa ha cambiado y se está ajustando a la nueva campaña desde Washington. Se habla de decomisos, sin ofrecer muchos detalles, por unos 700 millones de dólares en bienes, joyas, aviones y más, que serían propiedad de Maduro. Pero la noticia, aunque viral, deja hambre de detalles no revelados aún. 

Con toda la trama armada, ¿Trump será capaz de cerrar su gran trato con Venezuela o negociará con algo que ya ha calificado como cártel?

Los días lo irán contando.


Carlos Moreno




martes, 13 de agosto de 2024

El punto único de fallo para una transición en Venezuela




Cualquier resolución del conflicto venezolano es compleja. No solo se trata del desmontaje de un poder, sino de varios. 

Es decir no se habla exclusivamente de poderes constitucionales corrompidos, sino de poderes mafiosos enquistados en el sistema. 

El país todo está parcelado por el régimen, pero el monopolio de la violencia ha sido en parte distribuido para dotar de espacios al crimen aliado: narcos, guerrillas, colectivos, bandas.

Esta es la configuración real del poder en Venezuela, un entramado de élites políticas y militares e instituciones que son abiertamente el soporte del régimen, sin lugar a las críticas so pena de persecución o encarcelamiento de sus miembros. 

¿Es posible desarticular esa red?

Sí, es factible. 

Lo que es menos claro es el tiempo que tomaría y la fuerza que deba emplearse.

Por ello, en una eventual transición, inicialmente política, será fundamental que el monopolio de la violencia sea retomado por un Estado constructor del derecho.

El 28 de julio de 2024 se generó una tormenta para el régimen venezolano. Una abrumadora avalancha de votos para la oposición personificada en María Corina Machado y Edmundo González Urrutia que dislocó al Gobierno de Nicolás Maduro.

No obstante, el Consejo Nacional Electoral, proclamó a Maduro como vencedor. 

Ahora organismos veedores y bloques de naciones como el Centro Carter, la Unión Europea, Estados Unidos y países de la región, la mayoría, no avalan los resultados puesto que no han sido contrastados. 

Desde Miraflores activan los mecanismos de la violencia. Reprimen, detienen a manifestantes y periodistas, bloquean medios. 

La primera línea de fuerza son los militares, la que se supone sería la institución de defensa de la soberanía y la vida de los propios venezolanos, ejecuta sin contemplación las órdenes más destructivas en contra de la Constitución. 

El cuartel está inoculado por la criminalidad tanto por las regalías que cosechan tras 25 años de deterioro institucional en puertos, aeropuertos, alcabalas y más, como por el miedo del control del Gran Hermano que todo lo ve, todo lo sabe. Son presa fácil de su propio terror.  

En las segundas líneas de fuerza están en los colectivos, y Policía Nacional Bolivariana y los servicios de inteligencia militar(Sebin), encargados de acompañar en la represión. 

Hay terceras líneas de fuerza que son también inquietantes. Datos recientes apuntaron a presencia de grupos de mercenarios rusos del sonado grupo Wagner. El propio presidente de Ucrania, Volodímir Zelensky lo denunció. 

En esa misma tercera línea podrían fácilmente incluirse narcoguerrillas colombianas sobre las que se han confirmado extensas alianzas con Miraflores. De estas sociedades hay ingente documentación desde el periodismo de investigación y de ONGs de Derechos Humanos.  


..:: 344 puntos únicos de fallo ::..

Cuando las agencias espaciales estadounidense NASA, la europea ESA y la canadiense CSA, decidieron lanzar el telescopio James Webb al espacio habían pasado 20 años inmersos en un proyecto que costó unos 10 mil millones de dólares. 

Ocurrió un 25 de diciembre de 2021 y habían 344 puntos únicos de fallo. Un punto único de fallo no es más que una operación, una función, una tarea, que si ante cualquier motivo falla, todo el resto fallará. 

En pocas palabras, no podían fallar ni en una sola de las 344 tareas que tenía que ejecutar el James Webb una vez estuviera en el espacio. 

Fueron días de terror, unos 14, según la BBC de Londres. 

Al final lo lograron. 

Pensarlo bien por un momento, 344 puntos únicos de fallo. Dos décadas de trabajo, 10 mil millones de dólares. 

Hoy tenemos las imágenes más impresionantes del universo jamás vistas por la humanidad.


..:: Un punto único de fallo: Los militares ::..

En Venezuela, ahora mismo, en plena crisis política, el proyecto del cambio y la transición que ya parece haber despegado de la lanzadera el 28 de julio pasado, tiene un único punto de fallo

El proyecto de un cambio de gobierno ha costado vidas, un éxodo que ya llega a 9 millones de venezolanos en el mundo y la quiebra de un país. 

Para esta ocasión parecen haberse cubierto las etapas con más concentración en la estrategia política, se logró al menos una unificación de candidatura y reconocimiento de un claro liderazgo a regañadientes de partidos ya caducos, pero con algo de arrastre, la gente salió a votar masivamente y ese era su papel en el proyecto. 

Y como era de esperar, el régimen no reconocería la pérdida de la Presidencia de la República. 

Se siguen cumpliendo etapas del proyecto para la vuelta a la democracia, los países rechazan la proclamación de Maduro y exigen transparencia. La gente se moviliza pese al miedo, los medios y periodistas continúan indagando y denunciando. 

Y también se suman más violaciones a los Derechos Humanos y las libertades.  

Pero...

Y aquí vendría el punto único de fallo del proyecto: Los militares. 

Los militares son el único punto de fallo del proyecto que promete transformar a partir de una transición. 

Son los militares los que tienen mayor poder para ejercer el monopolio de la violencia con o sin justicia. 

Si el cuartel decide que es tiempo de frenar las violaciones y no se presta a las matanzas, las segundas y terceras líneas de fuerza del régimen con sus alianzas criminales, se replegarán. 

Las legales, como las policías y otros, desactivarán cualquier represión. Quedarían colectivos, mercenarios o narcoguerrilleros, pero estos, si notan que el chavismo perdió el poder, no representarían contrapeso. 

Los ciudadanos no tienen armas. Y no se nota que quieran tenerlas. 

Por eso esperan la reacción militar, aún la esperan, pese a que han sembrado el terror y la muerte durante años.

Hay una confianza basada en que también son venezolanos con familias que sufren y que han visto en primera fila como se expresó masivamente el pueblo de Venezuela por el cambio. 

Los militares venezolanos son una pieza clave, es decir, si ellos fallan, toda transición falla. 

He ahí su infierno o su única oportunidad.

Carlos Moreno


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