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domingo, 26 de octubre de 2025

Bitchat, una app para esquivar la censura y la persecución

He probado Bitchat, aplicación que lanzó recientemente Jack Dorsey, el cerebro creador de Twitter, hoy X. 

La sencillez de la aplicación evoca los canales de IRC de los 90 y las salas de chat de aquellos años donde confluíamos en un foro con mucho texto y poca imagen. 

Podríamos decir que es igualmente un guiño a la cultura hacker, austera en el diseño, directa, encriptada y basada en la privacidad. 

Porque Bitchat es completamente anónimo. 

Se descarga de las Store, tanto para Android como para Ios. No hay solicitud de registro ni nada por estilo, y en nada ya estás conectado a una red mesh (malla), basada en las conexiones Bluetooth. 

Y esto la hace una herramienta interesante para el periodismo de investigación, las redes de comunicación ciudadana y hasta el activismo político en países donde se censura y se persigue a quienes piensen distinto. 

¿Por qué funcionaría en un escenario regresivo?

Primeramente por el cifrado de extremo a extremo y por la comunicación vía Bluetooth, es decir, un peer to peer, un chat de uno a uno, si se elige así, o un chat controlado de varios al que solo pueden entrar autorizados. 




No hay nombres y si se decide usar el internet para chatear con personas en cualquier parte del mundo, la aplicación usa los llamados Geohash y activa el protocolo Nostr que tira de la ya conocida red TOR para enrutar el tráfico, una capa extra de privacidad. 

Esta versatilidad en seguridad hace de la creación de Dorsey una tecnología muy potente que puede ayudar a protegerse de la vigilancia de regímenes totalitarios.

  



En Venezuela, por ejemplo, se establecieron recientemente controles de seguridad en las calles y exigían leer los chat de WhatsApp para castigar a quien fuese un opositor al régimen.

A quien le encontrarán mensajes comprometedores o críticos, corrían riesgo. Varios terminaron procesados.  

Los periodistas son perseguidos y encarcelados y sus comunicaciones suelen ser objeto de seguimiento y de ataques para vulnerar su privacidad.

Algunas comunicaciones sensibles de reporteros y políticos se trasladaron a Signal. Por ahí, particularmente, trataba temas de interés periodístico y de escenarios políticos con amigos del gremio y dirigentes opositores. 

Bitchat se presenta ahora como una oportunidad de comunicación realmente blindada para ese escenario y similares. 

Incluso tiene una opción como sacada de una película de espionaje, el triple toque al icono de la app para un borrado de emergencia de cualquier dato inmediatamente antes de que los malos cojan tu móvil. 




Eso sí, apenas fue lanzada en julio pasado, y hay una comunidad que hace un esfuerzo para posicionarla. 

Tienen el gran reto de competir con gigantes asumidos como naturales, como WhatsApp, pero para el objetivo que planteo en este texto, no importa si se masifica exponencialmente, lo importante es que mantenga y sepa cuidar lo que ofrece, que no es más que privacidad total en una aplicación que ayudará a burlar a represores.



..::: Notas adicionales :::...

Hay una herramienta online que te permite seguir los mapas de calor de los chats activos en el mundo por geolocalización:




https://bitchatexplorer.com/

También hay una comunidad naciente en X:

https://x.com/BitchatMe_?t=xImLfmYOJAyu34AclPapWg&s=08


Carlos Moreno





















jueves, 22 de agosto de 2024

Se nos complica la realidad



Las redes siempre han sido océanos donde convergen una que otra verdad, corrientes imparables de falsedades y profundidades abismales de banalidad.


Pero allí seguimos miles de millones conectados a cada minuto desde cualquier parte del planeta. Son océanos que dejan ver las bondades y los demonios por igual de sociedades enteras, del primer mundo o del tercero.


Más allá de ese entorno peligrosamente adictivo para la naturaleza humana enganchada al scroll, representan el sistema de comunicación directa, multidireccional e interactiva jamás creado por el hombre.


Y no es que naciera enorme como hoy día, es que la propia humanidad alimentó el sistema, como es costumbre. Otorgamos a las redes el poder de crecer exponencialmente porque así lo dictó la tendencia y porque sus algoritmos perfectamente construidos para funcionar como neurotransmisores permitieron a cada humano expresarse libremente ante millones.


Sentimos el poder de comunicar, de ser leídos, vistos o escuchados, por narraciones muy cercanas a la verdad, por ficciones, por argumentos manipuladores, por buenas o malas ideas y por inagotables fruslerías.


No pretendo extenderme a las clasificaciones generacionales y sus tendencias de uso de las redes. Ya eso está documentado, y  se sigue documentando activamente. 


Lo que sí deseo compartir es una idea muy breve. 


Ahora en el universo de las redes sociales no solo estamos los humanos, y las grandes corporaciones con sus códigos, sino que entran en juego los potentes algoritmos de la inteligencia artificial. 


Si ya los debates por la consistencia o no de nuestros sentidos para distinguir lo real de lo falso nos legó importantes corpus de ideas y experimentos que han terminado por confirmarnos que nuestra visión, oído, tacto, olfato y gusto no bastan para determinar que algo es real, sino muy seguramente alcanzan solo para hacer las representaciones mentales inferidas por Bertrand Russell, ¿qué nos toca ahora cuando lo que comúnmente aceptamos por real tras un consenso general, no es más que un nuevo tipo de simulación hiperreal?


La IA es una herramienta hasta tanto no lleguemos a la AGI (Inteligencia Artificial de tipo General), que ya veremos, llegados a ese punto, si se reformula su definición esencial. 


Y como herramienta puede ser usada para cualquier fin, y además por aquellos que aprendan a controlarla desde sus códigos y arquitecturas, o incluso aquellos que usan aplicaciones gratuitas, abiertas o de pago. 


Los modelos se hacen cada vez más y más poderosos y los humanos cada vez más adictos y propensos a hacerse eco de falsedades. 


Para seguir navegando en esos océanos será cada vez más necesaria la capacidad de dudar y de cuestionar. El periodismo tiene una altísima responsabilidad en ello por su naturaleza hacia el contraste y la verificación. Las fuentes de sólida reputación serán resguardo. 


Si por el contrario la aceptación de la simulación gana los terrenos, para ese momento ya seremos cautivos de algo que no podremos dominar.  


Carlos Moreno


sábado, 17 de agosto de 2024

LM Studio para periodismo: procesa con IAs en local para proteger tu información

 


Las redacciones de medios ya usan IAs en varios de sus modelos. Las utilizan para variedad de objetivos, desde sumarización, clasificación de patrones en documentos, traducción, generación de imágenes y mucho más. 

Pero está el debate de la protección de los datos que les pasamos a esos grandes modelos de lenguaje y que terminan tragándose para su propio entrenamiento. 

Cuando se chatea con uno de ellos, las conversaciones y los datos que puedan introducirle pasan a formar, de alguna manera, parte de su conocimiento. Por ello las empresas no suelen usar información sensible. 

Esto es fundamental para el periodismo o los investigadores. 

Hay precedentes problemáticos como las demandas del New York Times a OpenAI, aunque también los hay para construir alianzas con el objetivo de hacer más inteligentes a las IAs como los acuerdos del Financial Times con OpenAI 

Digamos entonces que cómo periodista quiero alejarme de esos dos ejemplos y mantener mi trabajo bajo control estricto hasta lograr su depuración y publicación final. 

Es decir, mis datos provenientes de una investigación los puedo procesar y extraer de ellos más información relevante sin tener que pasarlo por un modelo privado. 

Allí aparece el enfoque del open source. 

Y la comunidad está altamente activa. Pero es que aquí hay actores como Meta, con su potente Llama, que han decidido sacudir el mundo de los LLMs liberando sus modelos de toda carga de pago.



El más reciente presentado, un modelo de 405 billones de parámetros, LLM para el que muchos no tendrán el hardware necesario para correrlo de inmediato por su tamaño. 

Pero hay modelos más pequeños, manejables y potentísimos, lo mejor, es que puedes usarlos rápidamente en local, en tu propia máquina, en tu propio Windows, Linux o Mac. 

La respuesta es LM Studio.

LM Studio es un gestor de modelos de IAs que te facilita la instalación en tu ordenador. No es necesario ser un experto en código para hacerlo y puedes ejecutar una instalación tan fácil como cualquier otra aplicación corriente, y eso lo hace claramente atractivo, además de la potencia de su interfaz y las opciones. 

No, miento, la instalación es extremadamente sencilla. 



Aquí algunas consideraciones del gestor:

¿LM Studio recopila algún dato?

No. Una de las principales razones para utilizar un LLM local es la privacidad, y LM Studio está diseñado para eso. Sus datos se mantienen privados y locales en su máquina.

¿Puedo utilizar LM Studio en el trabajo?

Complete el formulario de solicitud de LM Studio @ Work y nos comunicaremos con usted lo antes posible. Concédanos un tiempo para responderle.

¿Cuáles son los requisitos mínimos de hardware/software?

  • Mac con Apple Silicon (M1/M2/M3) y macOS 13.6 o posterior
  • PC con Windows/Linux con un procesador compatible con AVX2 (normalmente PC más nuevas)
  • Se recomiendan 16 GB o más de RAM. Para PC, se recomiendan 6 GB o más de VRAM.
  • GPU NVIDIA/AMD compatibles



..::Instalado y corriendo con una NVIDIA GForce GTX::..

Mi ordenador, aunque tiene una RAM de 16 gigas, la GPU es una Nvidia GEForce GTX, una pequeña anciana en comparación con la familia RTX 30 - 40 , pero que aún me responde. 

Y me ha funcionado incluso para correr en el LM Studio el Llama 3.1 de 7B de Meta.

Obviamente la velocidad de respuesta en la ventana de contexto del chat no es apabullante, pero es totalmente aceptable.

 


Pero incluso el propio LM Studio permite configurar el uso equilibrado entre RAM y GPU. 



..::Periodismo procesando en local::..

Enmarco este breve texto en el ámbito periodístico puesto que es una de mis labores, pero claramente el enfoque aplica para investigación, desarrollo, inteligencia de negocios, salud, y cualquier área donde se manejen datos sensibles y quieran protegerse tanto la información como los derechos de autor

La multiplicidad de usos que puede dársele va ligado a la creatividad de cada uno. 

Por ejemplo, entre los comunes está la sumarización de grandes bloques de texto, análisis semánticos de discursos. Y cuando se tienen datos de alguna investigación en curso, pues aportan mucho a la hora de hallar patrones o relaciones entre datos. 

Cada redactor podrá usarlo como mejor le parezca y podrá tener la seguridad de que lo que está procesando en el LM Studio estará bajo su control, para luego trasladarlo finalmente a su soporte final de publicación, sea web, impreso, radial, podcast, redes y más. 

No obstante es necesario recalcar que, aunque se esté trabajando con LLMs será siempre necesario la revisión humana y la confirmación de que no exista alucinación alguna en la información definitiva a publicar. 


Carlos Moreno 


 


viernes, 28 de junio de 2024

Gustavo Ocando Alex: Un discurso para la memoria




En un lugar privilegiado de la repisa que tengo sobre mi escritorio, en casa, conservo un libro del cronista mexicano Juan Villoro cuyo título bien podría resumir mi preparación para este discurso, que me honra y me llena de profunda alegría personal y profesional.

En este libro, su autor mira hacia atrás, a las varias décadas de su carrera, para elegir y compartir con sus lectores sus mejores textos de no ficción. ESPEJO RETROVISOR, se llama. Como Villoro, aproveché estas horas para atreverme a dar un vistazo a la realidad del gremio periodístico zuliano, lo que viví y lo que es, en un mar de desafíos y amenazas de todo tipo, desde múltiples rincones, sin aparente defensa.


Para hacerlo, tuve que desempolvar memorias y remontarme a mis inicios en las prácticas profesionales en una redacción marabina, siempre con especial acento en lo que el periodismo nos ha podido enseñar a cientos de mis colegas, muchos de ellos reunidos en este salón, todos premiados con justicia por su sobresaliente labor.

Sin embargo, quisiera ahorrarme los detalles de los reportajes, crónicas o hitos que nos han valido felicitaciones, aplausos o incluso premios en la carrera. En cambio, prefiero hablarles sobre los tropiezos. Quiero contarles de mi aprendizaje en el error.


Una primera gran lección sobre el periodismo la obtuve en mi primera cobertura de calle. Corría diciembre de 2001. Era un pasante en el diario La Verdad, que agradecía poder cubrir todas las migajas informativas que caían de la mesa de redacción, y tuve la oportunidad de mi vida: hacer una crónica del cacerolazo contra el expresidente Hugo Chávez Frías. Armado más de ímpetu que de claridad y experticia, me fui a patear la calle de un sector modesto vecino al diario para hablar con la gente.

Una señora, amable, de unos 50 y tanto años, a quien pregunté su opinión sobre aquella protesta popular, no quiso contestarme sin antes darme un consejo exprés: “mijo, con gusto te contesto, pero guárdate la cadena esa antes de que alguien te la robe”. 


Pues, sí: yo, deslumbrado por la oportunidad de inaugurarme en la sección de Política de un gran diario de la región, me había ido a conversar sobre necesidades políticas y económicas de una vecindad urgida luciendo la cadena de oro que heredé de mi abuela Isabel. La advertencia de aquella doña fue más que un tip de seguridad personal. 

Comprendí, con el paso de los años, que aquella recomendación también fue mi primer encuentro con una máxima del oficio periodístico: el periodista debe tener y demostrar empatía con las necesidades de la gente. Se trata de ser amable y respetuoso con las fuentes, el el interior y el exterior, indistintamente de sus aceras políticas, sociales, culturales y religiosas o de si estas coinciden o no con tus opiniones. Es el ejercicio prudente de comprender el derecho de cada cual a sus posturas, reflejarlas fielmente en tus textos, dando un foco detallado sobre los verdaderos protagonistas de la historia.


Logro tras logro, error tras error, fui entendiendo que el periodismo es un acto profundamente humano y social; que tus textos se enriquecen con la presencia cruda y pura de la gente; que tus reportajes son catapulta de la dignidad de las personas; y que tu firma es apenas una convidada en lo que realmente importa a tus audiencias.

En un taller con el veterano periodista colombiano Javier Darío Restrepo, años luego, escuché una frase que me cautivó inmediatamente y para siempre. Se ha convertido en mi mantra hasta el punto de que suelo aburrir con ella a mis colegas, a estudiantes y hasta a mi amada esposa, en casa: “para ser un buen periodista hay que ser una buena persona”, dijo alguna vez el periodista y escritor polaco Ryszard Kapuściński. El maestro de maestros nunca buscó la fama o el reconocimiento, ni permitió que su lucidez intelectual eclipsara la mayor de sus virtudes periodísticas: la humildad.


¡Cuánto gusto me da saber que muchos colegas zulianos también se inspiran en esa misma frase, trabajando a diario para informar, con valentía y enfoque humanista!

El periodista altivo y soberbio, aquel que se enoja ante la corrección justa y se niega a mirar el ombligo de sus errores, deja pasar la oportunidad de su vida. La humildad, me atrevo a decir, es la piedra fundacional de nuestro oficio. Los periodistas no somos ni seremos infalibles. Pareciera una obviedad, pero se sorprenderían con cuántas veces repetirlo se hace una necesidad en nuestras salas de redacción y nuestros medios.


Algún día, siendo subeditor de Política de La Verdad, el profesor español y maestro del periodismo Miguel Ángel Bastenier me felicitó por una nota que revisó en aquellos 30 días de formación y corrección que tuvo con todo el personal del diario. “Muy buena”, dijo, antes de entrar a la sala de reuniones. Mi alegría mutó a sorpresa cuando me entregó la página con sus anotaciones. Aquello tenía más rayas que una cebra. El texto era bueno, sí, pero abundaban mis errores en el detalle. Bastenier, como a tantos, me reiteró con pruebas lo que mis profesores de universidad Margarita Arribas, Antonio Franco y Juan Pablo Boscán, ya me habían advertido: “todo texto es perfectible”.

Es una máxima que aplica perfectamente a todos nuestros frutos periodísticos, publiquen en un diario impreso, la radio, la televisión o las nuevas tecnologías.


Aquella anécdota de Bastenier también me hace recordar un examen oral de la cátedra Sistema Político con el brillante profesor y escritor Miguel Ángel Campos. Me explayé explicándole las carencias y las virtudes del partidismo venezolano, creyendo que me la estaba comiendo. “Muy bien, Ocando”, me dijo. “Tienes 09”, de 20 puntos posibles. Raspado, pues. 


No podía entender cómo algo podía estar “bien y mal” al mismo tiempo. Ocurre que el periodismo nos enseña que todo SIEMPRE puede estar mejor, que la perfección es un tren que nunca alcanzaremos, pero detrás del cual debemos correr siempre, sin desmayo, como parte de una tarea que se resetea a diario.

El periodismo, sus buenos colegas y grandes maestros, me han demostrado que sus lecciones son infinitas: la importancia del correcto uso del lenguaje; la sencillez al redactar es mejor que lo rimbombante; la inmediatez en diarios y redes sociales nunca excusará la mediocridad; si no atrapas al lector o a tu audiencia en segundos, se te escapa para siempre… es lo que llamo “periodismo de listón alto”. 


Este oficio, el mejor del mundo, como lo describió Gabriel García Márquez, también te enseña a ser como el camaleón, miembros de una especie capaz de mirar a varias direcciones a la vez, en ocasiones hasta sin descanso para que nada se escape.

En agosto de 2012, lo recordé de la peor manera. La noche de aquel viernes, teniendo guardia como editor encargado al día siguiente, decidí apagar el celular para descansar. Al despertar, encendí el teléfono: tenía 17 llamadas perdidas de mi colega editor, Raúl Semprún, uno de los hermanos que me ha regalado este oficio. Habría explotado la refinería de Amuay esa madrugada y él debió hacerse cargo del equipo por mi ausencia.

Pregúntenme si he vuelto a apagar el celular desde entonces… siempre en vigilia, tal cual el hombre de la cofa del que nos habló el maestro Restrepo y que he visto encarnado en periodistas probos, que hoy son familia, como Carlos Moreno.

El periodismo es así de dinámico. Seguramente, el gobernador recordará las veces en las que hemos corrido a su lado en alguna marcha, tratando de abrirnos paso entre simpatizantes, escoltas y codazos, grabadora en mano, gritándole una pregunta y esperando que su respuesta nos permitiera “abrir periódico” o, a lo sumo, coronar una página del primer cuerpo. La noticia muchas veces corre y es obligatorio perseguirla.


Bastenier tenía un apodo para la noticia: el Blanco Móvil. Lamentablemente, en Venezuela la ecuación se ha invertido este siglo y los periodistas nos hemos convertido en los blancos móviles de un sector del poder político. Hay amenazas y un reducido ecosistema de medios debido a lo que organizaciones no gubernamentales y organismos multilaterales llaman “una política de Estado para silenciar las voces disidentes”.

En las últimas dos décadas, han cerrado 405 medios de comunicación, entre la radio, la mayor afectada, los periódicos y las televisoras, resultando en graves pérdidas de empleo y de la pluralidad informativa.


En Zulia, por ejemplo, ya no circulan en su versión impresa los 7 diarios que alguna vez existieron. La crisis económica y la falta de papel prensa, que sólo podía adquirirse en un mecanismo monopolizado por el Estado, aceleraron sus cierres o los forzaron a informar exclusivamente en Internet y redes sociales, vías cada vez más censuradas.

Hoy, cuando recordamos la fundación del primer periódico del país hace más de dos siglos, El Correo del Orinoco, estos datos de censuras son un sarcasmo del peor gusto.


Y bien vale la pena resaltar que uno de los verdugos de los diarios venezolanos de estos años, el hoy ex presidente del Complejo Editorial Alfredo Maneiro, fue arrestado hace 1 año entre acusaciones de la más grave corrupción por el mismo gobierno.

El daño ya está hecho, tristemente: él, en algún calabozo esperando juicio, y más de 70 periódicos, cerrados o funcionando a duras penas, limitados, asfixiados, además como botón de muestra de una política sistemática de censura general de la prensa.

También, se han intensificado los bloqueos y ataques contra portales en Internet, así como la intimidación de cuerpos de seguridad del Estado y las acusaciones de parte de altos voceros del gobierno contra la prensa. El Instituto Prensa y Sociedad documentó 128 violaciones a las garantías informativas en los primeros cuatro meses del año.


El año pasado, viví un episodio amarguísimo de señalamientos en mi contra. Algunos de mis reportajes parecen haber exacerbado la alergia por la disidencia, la crítica y la revisión transparente y plural de los asuntos públicos en alguna figura de poder.

El propósito de esas estrategias contra la prensa me ha quedado claro: inocularnos terror para dejarnos unas pocas alternativas… el exilio, la cárcel o la censura. 

Esa experiencia te cambia la vida en una santiamén. Se me hizo tan palpable que he tenido que vivir un ostracismo profesional, sin poder firmar los textos en los que invierto tiempo y devoción. Varios de mis colegas se sorprenden. “Gustavo, ¿todavía estás en Venezuela?”, me preguntan cada tanto. Es otra enseñanza de humildad y prudencia, forzada por un mecanismo bruto, que se origina en la percepción equivocada de que el periodista es enemigo si no hace propaganda.


Confesé al principio de mi discurso mi agradecimiento y alegría por esta oportunidad de ser hoy vocero de mi gremio, que se deben a dos razones: la primera, porque me han permitido reflexionar sobre una de mis grandes pasiones, el periodismo; y la segunda, porque me recuerdan palpablemente que sigo en mi país, al que amo, aun trabajando en lo que tanto amo, cobijado por Dios, la Virgen Santísima, mi familia y una fe recargada.

La Venezuela que ha vivido años de desolación, polarización, conflictos y crisis parece estar a las puertas de cambios. ¿Dónde depararán esos tiempos? ¿Habrá cambios, en realidad? No lo sabemos. Es por ello que el rol del buen periodista es urgente en nuestra nación. Su autocrítica, su pasión y ética, el compromiso con su misión y el respeto a todos serán útiles para un momento donde la verdad debe ser espina dorsal. En ese futuro patrio y social, también creo útiles las palabras del maestro Kapuscinski sobre el periodismo. Le cito: “Sin los otros, no podemos hacer nada”.


Esa frase me recuerda a otras sobre el oficio, que tengo grabadas en una franela que me regaló mi esposa, Gaby, hace años. No sé si la franela aún me queda, pero lo que todavía me calza es cada uno de aquellos adagios. Uno es de George Orwell: “el periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques”. Coincido.

Uno de los más grandes favores que podemos hacerle a Venezuela es permitir y apoyar que el periodismo sea verdaderamente libre y plural, sin cortapisas ni amenazas que pendan sobre su cabeza. Sueño con esos tiempos. Sueño con un país con diarios repletos de periodistas ávidos; donde la señal de la radio se multiplique en todo rincón, las televisoras entierren la censura y las redes sociales informen y formen con probidad.

Es un camino lleno de desafíos, sí, pero alcanzable. No hay nada imposible para un país que se aferra a Dios y a los valores de sus hijos, los periodistas entre ellos, para reparar sus heridas y restaurarse en mejores condiciones de transparencia y democracia.

Hoy, recorro los nombres de los hoy premiados y los de nuestros colegas antecesores cuyos nombres inspiran estos galardones, y me lleno de esperanza. Confío además en que el talento del periodismo zuliano que despunta y asombra en el extranjero, también volverá a ser profeta en su tierra, de la que nunca debió marcharse. El periodismo es una familia extendida y sé que juntos rogamos porque todos nos reencontremos.

Seamos BUENOS por convicción y por acción. Cada cual desde su espacio, mirando nuestro espejo retrovisor para aprender la lección de los muchos errores cometidos.

Así, forjados por el crisol de la enmienda, podremos materializar la Venezuela de los mil aciertos, próspera y digna, ojalá descrita y escrutada por buenos, muchos y apasionados discípulos del periodismo, como los que hoy sobran en esta sala.


Muchísimas gracias y que Dios los bendiga a todos…


DISCURSO DE ORDEN, Día del Periodista

Gustavo Ocando Alex, 28 de junio de 2024

Maracaibo Venezuela


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