Unos 600 dólares para tener 61 bienes básicos. Esa es la cifra redonda que necesitaría una familia venezolana de tres integrantes para vivir mes a mes. Así lo confirma el economista e investigador venezolano Oscar Torrealba, miembro del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (Cedice).
El gran problema para el venezolano común es llegar a esa cantidad de dinero con un único trabajo u oficio.
El salario mínimo ha caído a menos de un dólar por mes, el peor de todo el hemisferio de lejos y ahora, con esta nueva depreciación, escala en el ranking de los más precarios de todo el planeta, solo superado por Camboya y Zambia (0,10 USD), e igualando a Sudán (0.95 USD), este último país, por cierto, sumido en una sangrienta guerra desde 2013 con una profunda crisis humanitaria y desplazamientos forzados.
Tan solo en los últimos tres meses más de 165 mil personas han huido del conflicto generando nuevos focos de crisis en países vecinos según Acnur.
Torrealba, entrevistado en el podcast Vueling desde Venezuela, señala que el venezolano ha preferido insertarse en el emprendimiento de subsistencia, muy domésticos la mayoría, para poder cubrir las necesidades básicas de la familia.
“Se trata de una economía completamente distorsionada”, apunta.
Pero en medio de la catástrofe inflacionaria y la destrucción del poder adquisitivo, Torrealba destaca que es la única forma de encontrar “mayores posibilidades de ingresos”.
Los 130 bolívares del sueldo mínimo decretado y congelado por Nicolás Maduro en marzo de 2022, alcanzan hoy solo para comprar un solo plátano.
“Así es como pueden los venezolanos conseguir mejores condiciones incluso que trabajos profesionales”.
Daniel González, un administrativo con grado en la Universidad del Zulia, se ha convertido en community manager para al menos dos empresas pequeñas, una de Maracaibo y otra en San Francisco.
Su acuerdo, que no representa un contrato formal, es en dólares, la moneda en la que realmente se basa la economía venezolana.
Cobra por cada cliente entre 150 y 200 USD dependiendo de las exigencias por mes. “Me da libertad para organizar mi tiempo y poder compaginar con otros oficios que también me generan ingresos de vez en cuando”, afirma.
Desde Caracas, Jhon, un técnico superior en mecánica, entrevistado por las periodistas Nicole Kolster y Adriana Nuñez apunta que trabajó durante más de una década en una transnacional que terminó por cerrar operaciones en el país.
“Ahora mismo yo hago de todo, trabajo aires acondicionados, plomería y electricidad. La contracción está tan fuerte hay que agarrar lo que sea. Por ejemplo, si sale un trabajo de instalación de un aire acondicionado puedo cobrar hasta 100 dólares si se trata de una instalación sencilla. Imagina que salgan diez trabajos de ese tipo al mes, ya podría ganar 1000 dólares”, agrega el técnico.
En Caracas se activaron protestas por la gravedad de la crisis.
En la memoria muy reciente están aún las imágenes de venezolanos comiendo de la basura en ciudades de todo el país producto de la descontrolada hiperinflación que superó más del millón y medio porcentual y falta de recursos de las familias entre los años 2018 y 2019.
Y ese fantasma vívido parece estar asomándose de nuevo.
«Hay un espacio ahorita de represión inaudita que se viene generando contra el pueblo venezolano. Y en esa situación, nosotros queremos rechazar la manera cómo no solamente se reprime al pueblo, a los trabajadores, a los dirigentes sociales, sino a los que protestan», señaló ayer en una manifestación en la capital Eduardo Sánchez, presidente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Universidad Central de Venezuela (UCV).
Organizaciones de trabajadores han salido a las calles a alzar la voz para exigir a Miraflores la revisión urgente de un salario que no llega “ni para un desayuno”.
Pedro Silva, nombre ficticio a petición de la fuente, es un entrenador deportivo de alto nivel, pero ha tenido que abrir un pequeño negocio de alimentación en su casa, en una populosa barriada al norte de Maracaibo, para poder hacer frente a los gastos de transporte, alimentación y vestimenta.
“La educación y el deporte han sido muy maltratados, al igual que la salud. Nos toca reinventarnos para sacar dinero de cualquier sitio”, señala. Silva debe asistir a los entrenamientos con varios jóvenes para mantenerlos nivelados en las competiciones nacionales de la federación, pero señala también que los recursos para asistir a los eventos deportivos, que bien pueden abrir la puerta a deportistas para crecer profesionalmente, también son escasos o inexistentes.
Cualquier prestación devenida del salario mínimo de los venezolanos, como vacaciones o utilidades o jubilaciones ya no están en el plan directo, han pasado a ser, de momento, una letra muerta sin valor ni efecto alguno.
El Gobierno de Maduro insiste en la fórmula de los bonos para compensar las caídas, pero también estos, que impactan en los pensionados venezolanos, han perdido cualquier capacidad de sustentar a las familias.
Los pronósticos para finales del año no son alentadores. Luis Bárcenas, economista, ha indicado recientemente que la inflación en bolívares pudiera llegar este año a 280 o 300%, un alza cuatro veces mayor que en 2024, y destacó que la inflación en dólares podría alcanzar entre 18 y 20%.
“La caída en el consumo puede ser del 5,9 % si se mantienen esas cifras debido a los bajos salarios que percibe gran parte de la población", explicó el economista en una entrevista con varios medios de comunicación”, dijo el experto.
Carlos Moreno


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