martes, 13 de agosto de 2024

El punto único de fallo para una transición en Venezuela




Cualquier resolución del conflicto venezolano es compleja. No solo se trata del desmontaje de un poder, sino de varios. 

Es decir no se habla exclusivamente de poderes constitucionales corrompidos, sino de poderes mafiosos enquistados en el sistema. 

El país todo está parcelado por el régimen, pero el monopolio de la violencia ha sido en parte distribuido para dotar de espacios al crimen aliado: narcos, guerrillas, colectivos, bandas.

Esta es la configuración real del poder en Venezuela, un entramado de élites políticas y militares e instituciones que son abiertamente el soporte del régimen, sin lugar a las críticas so pena de persecución o encarcelamiento de sus miembros. 

¿Es posible desarticular esa red?

Sí, es factible. 

Lo que es menos claro es el tiempo que tomaría y la fuerza que deba emplearse.

Por ello, en una eventual transición, inicialmente política, será fundamental que el monopolio de la violencia sea retomado por un Estado constructor del derecho.

El 28 de julio de 2024 se generó una tormenta para el régimen venezolano. Una abrumadora avalancha de votos para la oposición personificada en María Corina Machado y Edmundo González Urrutia que dislocó al Gobierno de Nicolás Maduro.

No obstante, el Consejo Nacional Electoral, proclamó a Maduro como vencedor. 

Ahora organismos veedores y bloques de naciones como el Centro Carter, la Unión Europea, Estados Unidos y países de la región, la mayoría, no avalan los resultados puesto que no han sido contrastados. 

Desde Miraflores activan los mecanismos de la violencia. Reprimen, detienen a manifestantes y periodistas, bloquean medios. 

La primera línea de fuerza son los militares, la que se supone sería la institución de defensa de la soberanía y la vida de los propios venezolanos, ejecuta sin contemplación las órdenes más destructivas en contra de la Constitución. 

El cuartel está inoculado por la criminalidad tanto por las regalías que cosechan tras 25 años de deterioro institucional en puertos, aeropuertos, alcabalas y más, como por el miedo del control del Gran Hermano que todo lo ve, todo lo sabe. Son presa fácil de su propio terror.  

En las segundas líneas de fuerza están en los colectivos, y Policía Nacional Bolivariana y los servicios de inteligencia militar(Sebin), encargados de acompañar en la represión. 

Hay terceras líneas de fuerza que son también inquietantes. Datos recientes apuntaron a presencia de grupos de mercenarios rusos del sonado grupo Wagner. El propio presidente de Ucrania, Volodímir Zelensky lo denunció. 

En esa misma tercera línea podrían fácilmente incluirse narcoguerrillas colombianas sobre las que se han confirmado extensas alianzas con Miraflores. De estas sociedades hay ingente documentación desde el periodismo de investigación y de ONGs de Derechos Humanos.  


..:: 344 puntos únicos de fallo ::..

Cuando las agencias espaciales estadounidense NASA, la europea ESA y la canadiense CSA, decidieron lanzar el telescopio James Webb al espacio habían pasado 20 años inmersos en un proyecto que costó unos 10 mil millones de dólares. 

Ocurrió un 25 de diciembre de 2021 y habían 344 puntos únicos de fallo. Un punto único de fallo no es más que una operación, una función, una tarea, que si ante cualquier motivo falla, todo el resto fallará. 

En pocas palabras, no podían fallar ni en una sola de las 344 tareas que tenía que ejecutar el James Webb una vez estuviera en el espacio. 

Fueron días de terror, unos 14, según la BBC de Londres. 

Al final lo lograron. 

Pensarlo bien por un momento, 344 puntos únicos de fallo. Dos décadas de trabajo, 10 mil millones de dólares. 

Hoy tenemos las imágenes más impresionantes del universo jamás vistas por la humanidad.


..:: Un punto único de fallo: Los militares ::..

En Venezuela, ahora mismo, en plena crisis política, el proyecto del cambio y la transición que ya parece haber despegado de la lanzadera el 28 de julio pasado, tiene un único punto de fallo

El proyecto de un cambio de gobierno ha costado vidas, un éxodo que ya llega a 9 millones de venezolanos en el mundo y la quiebra de un país. 

Para esta ocasión parecen haberse cubierto las etapas con más concentración en la estrategia política, se logró al menos una unificación de candidatura y reconocimiento de un claro liderazgo a regañadientes de partidos ya caducos, pero con algo de arrastre, la gente salió a votar masivamente y ese era su papel en el proyecto. 

Y como era de esperar, el régimen no reconocería la pérdida de la Presidencia de la República. 

Se siguen cumpliendo etapas del proyecto para la vuelta a la democracia, los países rechazan la proclamación de Maduro y exigen transparencia. La gente se moviliza pese al miedo, los medios y periodistas continúan indagando y denunciando. 

Y también se suman más violaciones a los Derechos Humanos y las libertades.  

Pero...

Y aquí vendría el punto único de fallo del proyecto: Los militares. 

Los militares son el único punto de fallo del proyecto que promete transformar a partir de una transición. 

Son los militares los que tienen mayor poder para ejercer el monopolio de la violencia con o sin justicia. 

Si el cuartel decide que es tiempo de frenar las violaciones y no se presta a las matanzas, las segundas y terceras líneas de fuerza del régimen con sus alianzas criminales, se replegarán. 

Las legales, como las policías y otros, desactivarán cualquier represión. Quedarían colectivos, mercenarios o narcoguerrilleros, pero estos, si notan que el chavismo perdió el poder, no representarían contrapeso. 

Los ciudadanos no tienen armas. Y no se nota que quieran tenerlas. 

Por eso esperan la reacción militar, aún la esperan, pese a que han sembrado el terror y la muerte durante años.

Hay una confianza basada en que también son venezolanos con familias que sufren y que han visto en primera fila como se expresó masivamente el pueblo de Venezuela por el cambio. 

Los militares venezolanos son una pieza clave, es decir, si ellos fallan, toda transición falla. 

He ahí su infierno o su única oportunidad.

Carlos Moreno


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